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El vino, la recesión y la maldición de las incógnitas desconocidas

 

La pandemia de coronavirus sigue ganando impulso, causando graves trastornos económicos en todo el mundo. El sector del vino ya ha experimentado varios impactos importantes y el futuro al que se enfrenta es incierto.

 

Por Mike Veseth*

 

Las ventas en auge... por ahora

 

En lo inmediato, las ventas de vino al por menor están en auge en muchas regiones y a través del canal online. Esto se debe a que los consumidores se abastecen de vino junto con papel higiénico en previsión de posibles cierres de tiendas y de un aislamiento forzoso.  No está claro en qué medida esto resultará en un aumento del consumo de vino o más bien en un cambio en el momento de la compra. Pero los minoristas están felices por el negocio, en cualquier caso.

 

 

Ha sido inspirador ver a la industria del vino enfrentarse al desafío de la interrupción de los patrones habituales de compra interrumpidos. Al igual que ustedes, he recibido muchas ofertas de descuentos en envíos y entregas a domicilio. Las salas de degustación han respondido de muchas maneras, con catas virtuales de vino entre otras. Estas ventas directas son especialmente importantes para las bodegas, que necesitan reemplazar los ingresos perdidos por las ventas en tienda, mientras que los bares y restaurantes cierran sus puertas por ahora.

En este nuevo entorno, la curva de aprendizaje es empinada y no todos tienen el mismo éxito, pero estamos progresando. Lo cual es bueno, ya que la necesidad de adaptarse a los nuevos patrones de consumo no terminará cuando suene la señal de "todo despejado". Muchos compradores volverán a sus antiguas pautas, pero algunos no, al menos no inmediatamente, y el período actual es un buen momento para aprender más sobre cómo podría ser ese futuro incierto.

Se han publicado varios estudios económicos importantes sobre los efectos económicos directos e indirectos del coronavirus en la industria del vino. Rabobank publicó dos informes a finales de la semana pasada (aquí están los enlaces al primer y segundo informe) que encuentro especialmente útiles y les recomiendo.

 

¿Qué le espera a la economía del vino?

¿Qué le espera a la economía del vino? Una forma de pensar en el problema es en términos de la famosa taxonomía del conocimiento de Donald Rumsfeld (ver video) que dividió el mundo en conocidos, desconocidos, conocidos desconocidos y desconocidos desconocidos. Suena loco cuando lo escuchas la primera vez, pero tiene un poco de sentido.

Hay muchas incógnitas económicas conocidas (cosas que sabemos que no sabemos) para la economía del vino (y la economía en general) en este momento, lo que explica por qué los mercados financieros están tan nerviosos. Tres factores importantes son los efectos de la riqueza, los efectos de los ingresos y la disminución de las ocasiones de consumo de vino.

 

Sabemos que el vino se verá afectado por la gran disminución de la riqueza que han producido los mercados financieros en caída libre. Algunas carteras de inversión han perdido entre el 20 y el 30 por ciento o más de su valor desde el comienzo del año. Si eso es lo que ha pasado con su fondo de pensiones y está en o cerca de la edad de jubilación, no es un problema sencillo de descartar. Es probable que las compras de lujo se dejen en suspenso y para muchos consumidores el vino es un lujo. Aferrarse a los miembros del club de vinos va a ser un desafío y eso tan sólo supone la punta del iceberg. El efecto riqueza es especialmente crítico porque es probable que impacte desproporcionadamente a los baby boomers, que han sido la base de la economía del vino durante muchos años.

 

Helicópteros y Bazucas

También sabemos que la demanda de vino se verá afectada por la caída de los ingresos y el aumento del desempleo.  Las nuevas demandas por desempleo están aumentando a medida que partes de la economía se desaceleran o se detienen. Sin embargo, algunos sectores se están expandiendo - es un buen momento para encontrar un trabajo en Amazon.com, Walmart, y - al menos en el estado de Washington - en la propia Oficina de Desempleo, que está contratando personal para satisfacer la creciente necesidad.

Se ha publicado una amplia gama de estimaciones de los efectos económicos generales. La mayoría sugiere que en el primer trimestre del año el PIB de los Estados Unidos será ligeramente negativo y que el segundo trimestre será mucho peor - entre un 10% y un 20% de descenso. Esa sería la mayor caída en un trimestre de la historia y la pérdida de empleos podría llegar a 5 millones en los Estados Unidos. Increíble. 

Las estimaciones para otros países también son negativas, reflejando la naturaleza global de la pandemia de coronavirus y el colapso económico que ha provocado. Las condiciones económicas en Italia son mucho peores que en los Estados Unidos y pondrán a prueba la capacidad de los responsables políticos italianos y europeos para responder con eficacia, sobre todo a medida que la crisis se agrave también en España y el contagio continúe.

No obstante, existen algunas buenas noticias en el sentido de que los paquetes de estímulo gubernamentales están en camino tanto en los Estados Unidos como en otros lugares para tratar de compensar la caída de la demanda. Pero se puede hacer mucho daño a corto plazo y es difícil orientar eficazmente la ayuda, de ahí el recurso a la "bazuca" de Europa, o al "dinero del helicóptero" americano. Hasta ahora, hay que decir que los mercados financieros parecen creer que la crisis es mayor que las respuestas propuestas.

Por último, sabemos que, dado que la demanda de vino está condicionada por las ocasiones de consumo disponibles, la disminución repentina de estas (cierre de bares y restaurantes, regulaciones que limitan las reuniones privadas, etc.) tendrán un gran impacto independientemente de los efectos sobre la riqueza y los ingresos.

El sector de los viajes es uno de los más afectados por el coronavirus y eso también afectará al vino ya que se consume mucho alcohol en los aeropuertos y en los cruceros y no parece que estas actividades se vayan a retomar muy pronto. El columnista de vinos del New York Times Eric Asimov tuvo la ocasión para abordar el tema del “déficit de ocasión” en una de sus columnas de la semana pasada, donde decía a los lectores que es buena idea beber solo si uno se ve obligado a auto aislarse. 

 

El costo de la incertidumbre

Sabemos que estas fuerzas afectarán a la economía del vino, pero no sabemos exactamente cómo, cuánto y cuándo las cosas cambiarán.  Son demasiadas incógnitas, así que no es sorprendente que la incertidumbre tenga ya un gran efecto por sí sola. Es difícil tomar decisiones adecuadas cuando los riesgos no pueden ser calculados fidedignamente.

Recientemente recibí un correo electrónico de Anthony Bozzano de Bozzano & Co., una empresa con sede en San Luis Obispo, dedicada a la venta y abastecimiento de vino a granel (similar a los tradicionales corredores de vino a granel), así como en el desarrollo de marcas personalizadas para la venta al por menor a nivel nacional. Anthony escribe lo siguiente:

“Un par de nuestros mayores clientes de la bodega, que compran y venden constantemente en diversos volúmenes, están poniendo en suspensión todas las compras y ventas de vino a granel hasta que logren entender todos los efectos de la situación actual.

También, debido a la incertidumbre del mercado, algunas bodegas boutique se están retirando de las negociaciones del vino a granel. Una de estos operadores del condado de Santa Bárbara me dijo que sus distribuidores les han informado que, debido a la velocidad a la que los restaurantes están cerrando sus puertas, no saben si podrán pagar sus facturas o cuando podrán hacerlo.

La incertidumbre sobre el futuro y la preocupación por el riesgo no se limitan al comercio de vino a granel. La existencia de tantas incógnitas conocidas aumenta los riesgos y hace que los actores de toda la cadena de suministro duden en adquirir futuros compromisos.

El negocio del vino es particularmente susceptible a estos problemas porque depende mucho del tiempo. Las vides de uva no son cultivos que se pueden trasladar fácilmente de una temporada a otra. El vino se hace sólo una vez al año y tienes que vivir con lo que has producido.  Cuando las decisiones están necesariamente bloqueadas por un largo período de tiempo, se agrava el riesgo y esa es la situación en la que nos encontramos actualmente. 

 

La maldición de las incógnitas desconocidas

¿Y ahora qué? La pandemia mundial de coronavirus nos ha empujado a la realidad de lo desconocido - factores que no conocemos y que ignoramos que los ignoramos.  Dicen que lo que no conoces no puede hacerte daño. Pero están equivocados.

Así que no es de extrañar que el "índice del miedo" del mercado de valores haya alcanzado un nuevo récord la semana pasada. Con una economía global altamente interconectada y sujeta a la incertidumbre a tantos niveles, es imposible saber realmente lo que podría suceder a continuación y cuán grave podría ser su impacto. No es de extrañar que los inversores vendieran acciones, bonos y productos básicos la semana pasada y se apresuraran a cobrar en efectivo y en letras del Tesoro, enviando las tasas de interés a corto plazo por debajo de cero.

Muchos analistas y responsables políticos subestimaron los impactos de la crisis del coronavirus durante sus primeros días, tanto sobre la salud pública como sobre la economía. Unos pocos siguen negándolo. Para el resto, es importante aceptar los riesgos, las incógnitas y el conocimiento de que muchas fuerzas están fuera de nuestro control. Y luego, con cautela, seguir adelante.

 


Artículo completo en https://wineeconomist.com/2020/03/17/recession/

 

 

 

* Mike Veseth es editor de The Wine Economist y autor de varios libros sobre economía del vino como Wine Wars (2011), Extreme Wine (2013) Money, Taste & Wine: It's Complicated (2015) o Around the World in Eighty Wines (2017). Veseth es también profesor emérito de Economía Política Internacional en la Universidad de Puget Sound (Washington)